Gregory Bateson, de la Escuela de Palo Alto, propone en su pedagogía del cambio distinguir entre dos tipos o niveles. El cambio 1, que es el que tiene lugar dentro del sistema y el cambio 2, que es el que modifica el sistema.
En el primero, el sistema mantiene su equilibrio y la modificación se produce en los elementos del sistema. En el segundo es el sistema el que es modificado.
Por lo general, cada vez que una situación llega a un punto crítico, nos damos cuenta que hace falta cambiar algo. Es, digamos, el punto, en el que nos damos cuenta que hay que superar la locura a la que se refería Einstein, cuando decía que es de locos querer obtener resultados diferentes haciendo siempre lo mismo. Y entonces buscamos cambiar pero ¿qué?
Nuestro miedo innato a lo desconocido nos lleva a una actitud absurdamente a la defensiva, ya que no hay más enemigo que nosotros mismos deseando cambiar, de la que emanan pensamientos como “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” y entonces damos un paso adelante hacia el cambio pero sólo de nivel 1. Pero para que parezca que es un verdadero cambio estructural lo adornamos de novedad y lo rodeamos de un buen marketing que incite a pensar que esta vez sí, que las cosas van a cambiar.
Pero llega un momento en el que un sistema humano no consigue regular sus intercambios por medio de medidas habituales de autocorrección y de ajuste, y entonces las “soluciones de sentido común” mantienen los problemas o crean otros y es cuando el sistema entra en crisis. Ese es el momento de pasar a un cambio 2 o el sistema se resentirá todavía más o terminará por colapsar.
Escribo esto pensando en la reforma educativa de la que se habló semanas atrás y de la que no hemos vuelto a saber mucho ya que el pacto de estado anunciado hizo aguas y parece que todo está de nuevo en “veremos”. Hace pocos días Manuel Hernández comentaba muy acertadamente en su blog cómo la crisis educativa no se toma tan en serio como la crisis económica y nadie se escandaliza cuando un gobernante afirma que la educación en España en los últimos años ha mejorado, cosa que no se atrevería a decir de la situación económica, porque nuestra retina está grabada ya con las cifras del paro, de endeudamiento y de recesión.
Las estadísticas de abandono y de fracaso escolar en nuestro país son realmente alarmantes. Está claro que éste no es el camino. Entiendo que ha llegado el momento de cambiar. Pero de cambiarlo todo. De cambiar el sistema, le pese a quien le pese. Con “más de lo mismo” sólo obtendremos “más de lo mismo”. Necesitamos en el mundo de la educación personas valientes que apuesten por un cambio radical del sistema.
Y estoy convencido que un cambio 2 no será tan traumático. Lo traumático es continuar en esta linea. Tenemos muchas experiencias maravillosas de las que aprender a lo largo del mundo. Hay cientos de educadores dando conferencias en diferentes foros proponiendo caminos realmente interesantes. ¿Por qué no les escuchamos y perdemos el miedo? Aprender de los que ya han alcanzado el éxito. Subirse a los hombros de los gigantes para poder ver más allá

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