A punto de comenzar el periodo vacacional en la mayoría de centros educativos y con los exámenes de selectividad en marcha, percibo en los institutos de secundaria que he visitado esta semana un ambiente entre el alumnado que en la expresión popular se resumiría como “ya está toda la carne vendida”. Lo que no se haya hecho hasta ahora, ya no se hará y el curso está terminado. Los profesores manifiestan a su vez el desgaste del año y las ganas de vacacionar cuanto antes, más aún con las perspectivas de reducción salarial. Y sin embargo, quizá quede mucha carne por vender en los próximos meses antes de que comience el nuevo curso.
Hace unos meses leí la obra de Malcolm Gladwell titulada “Outliers” en la que hace un estudio de la importancia de la perseverancia y de las horas dedicadas a una tarea por encima del talento. En dicho libro insiste mucho en que el talento por sí mismo no es suficiente y que para alcanzar la excelencia en cualquier área es necesario un mínimo de 10000 horas de dedicación. Los casos estudiados van desde el éxito de los Beattles, al de Bill Gates pasando por los mejores jugadores de hockey de Canadá.
De todos los ejemplos que utiliza en su análisis, me llamó especialmente la atención la investigación realizada en 1996 por los sociólogos Kart Alexander y Doris Antwisle de la Universidad Johns Hopkins en la que muestra que mientras el éxito de los estudiantes mejora de manera similar durante el año escolar, independientemente de su estatus socio-económico, los que provienen de familias con escasos ingresos experimentan pérdidas en verano durante los primeros cursos de la escuela que se van acumulando. Más concretamente, un reciente estudio de la Universidad estadounidense considera que el 65% de la diferencia en el rendimiento de niños pobres y ricos se debe a las diferentes experiencias de aprendizaje que viven durante los veranos, especialmente en los primeros años de escolarización.
Estos datos parecen ampliamente conocidos por la comunidad educativa en general, ya que una búsqueda sencilla por Internet sobre dicha investigación arroja cientos de resultados en artículos escritos al respecto. Siendo así, ¿por qué jamás hemos oído hablar de recorte de vacaciones en los planteamientos de una reforma educativa? ¿Se imaginan la protesta generalizada de alumnos y profesores?
Sin embargo una iniciativa que se tomó en serio estos datos fue las Escuelas KIPP. www.kipp.org Un programa de excelencia educativa en escuelas públicas que ha logrado que en un país donde el acceso a la universidad está en torno al 40% de la población, en sus escuelas alcance el 80%. Lo más curioso de este dato es que no estamos hablando de colegios privados de alto rendimiento para clases sociales privilegiadas, sino precisamente de todo lo contrario, de escuelas públicas en barrios humildes y con población desfavorecida. Una escuela que comenzó en un barrio marginal como el Bronx y que tiene actualmente 82 escuelas en 19 estados. Y donde los estudiantes se sienten orgullosos de estudiar más horas que el resto de sus compañeros porque son conscientes de los resultados que eso les reportará de cara al futuro.
Considero que no es suficiente con “plantear el verano de una manera educativa” sino que es necesaria una mentalidad que estime que esté el listón a la altura que esté, no se trata de bajarlo para que todos lo puedan pasar, sino de que cada cual tenga en cuenta el esfuerzo que necesita para alcanzar ese mínimo y que se ayude a cada alumno a llegar utilizando los recursos que el propio alumno posee. Y su mejor recurso es la confianza en que el listón está a la altura indicada.

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